Meta puso a la venta Meta Quest Pro, su visor más avanzado de realidad virtual y realidad mixta en aquel momento.
La compañía ya había popularizado la VR de consumo con Quest 2, pero Quest Pro iba por otro camino: más ambición, más sensores y un precio mucho más alto.
Costaba 1.499,99 dólares, así que no era un dispositivo para todo el mundo.
Qué prometía
Meta Quest Pro estaba pensada para trabajar, crear y colaborar en entornos inmersivos.
Incorporaba mejoras de pantalla, ergonomía, sensores y passthrough a color, una diferencia importante frente al blanco y negro de Quest 2.
También incluía 10 sensores, cinco hacia fuera y cinco hacia dentro, para captar más información del entorno y del usuario.
Los mandos se rediseñaron con sensores propios para posicionamiento 3D en 360 grados, mejorando precisión y ergonomía.
La lectura retrospectiva
Quest Pro fue interesante porque mostraba la apuesta de Meta por una informática más inmersiva, pero también sus límites.
El concepto de metaverso necesitaba hardware mejor, software útil y casos de uso claros.
La parte tecnológica avanzaba, pero la adopción dependía de algo más básico: que trabajar o colaborar dentro de un visor fuera mejor que hacerlo en una pantalla tradicional.
Puedes ver más en la web de Meta Quest.
Si quieres analizar una tecnología emergente, producto o narrativa de lanzamiento, puedes escribirme a ajra@ajra.es.