Hay películas que no se quedan solo en la estantería. Se quedan en la forma en la que miras el mundo.
CINEGAFAPASTA es una pieza más emocional que tutorial: una especie de viaje por esa educación sentimental hecha de VHS, monstruos clásicos, Spielberg, Gotham, Gremlins, dinosaurios, princesas prometidas, ciencia ficción, Tarantino, Matrix, Disney y Pixar.
No va solo de “películas que me gustan”. Va de cómo el cine se convierte en biografía.
El cine como memoria personal
La pieza arranca desde Mallorca, con esa imagen de mil películas en la estantería y cintas rebobinadas como parte de una rutina casi sagrada. Antes del streaming, las películas tenían peso físico: cajas, carátulas, cintas, DVDs, colecciones.
Y eso hacía que cada película tuviera también un lugar concreto en la memoria.
Los referentes que te construyen
En el vídeo aparecen muchos nombres reconocibles: Drácula, la Momia, E.T., Batman, las Tortugas Ninja, Gremlins, Jurassic Park, Íñigo Montoya, Matrix, Pulp Fiction, El club de la lucha, Mufasa, El Padrino, Kubrick, La naranja mecánica, Rocky, John Wick…
La gracia no está en la lista, sino en lo que representa: cada película como una pequeña lección.
- E.T. como puerta a la magia.
- Batman como llamada desde la oscuridad.
- Jurassic Park como asombro puro.
- Matrix como sospecha de que siempre hay otra salida.
- Rocky como recordatorio de pelear aunque el guion venga cuesta arriba.
De Tarantino a Pixar
Una de las partes más bonitas es el cambio de etapa: ahora el guion es otro. Miami, las hijas, más Pixar que cine premiado, menos pose cinéfila y más sonrisa compartida.
Y eso también es cultura. Quizá la más importante.
Porque al final no se trata solo de ver películas. Se trata de compartirlas, reinterpretarlas y dejar que pasen de una generación a otra.
Idea central
El cine no se apaga. Cambia de formato, cambia de compañía, cambia de momento vital. Pero sigue ahí: como memoria, como refugio y como una forma de contarnos quiénes somos.
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