En 2018 empezó a sonar con fuerza el Proyecto Kalamata: el plan de Apple para dejar de depender de Intel en la gama Mac y usar sus propios procesadores.

Mark Gurman fue quien puso el nombre sobre la mesa. Según esa información, Apple quería empezar la transición alrededor de 2020.

Procesador de Apple como anticipo del salto del Mac a chips propios

Visto desde hoy, aquel rumor era mucho más que una filtración interesante. Era el inicio visible del camino hacia Apple Silicon.

Apple ya había cambiado de arquitectura

Esta no era la primera transición importante del Mac.

Apple ya había pasado de Motorola a PowerPC, y más tarde de PowerPC a Intel.

Cada cambio tuvo costes, compatibilidades que resolver y años de transición. Pero también permitió a Apple rediseñar su plataforma alrededor de una base más adecuada para el futuro.

Con Kalamata, la diferencia era que Apple ya no cambiaba de un proveedor externo a otro. La idea era controlar el corazón del Mac.

La ventaja de diseñar tus propios chips

En 2018 Apple ya diseñaba los procesadores del iPhone, iPad, Apple Watch y Apple TV.

Los chips basados en ARM destacaban por eficiencia energética y rendimiento por vatio. Los iPad Pro ya empezaban a demostrar que podían competir con portátiles en muchas tareas.

Llevar esa experiencia al Mac tenía sentido estratégico:

  • Más control sobre hardware y software.
  • Mejor eficiencia.
  • Menos dependencia de los calendarios de Intel.
  • Mayor integración entre Mac, iPhone y iPad.
  • Diferenciación real frente a otros fabricantes.

Lo que vino después

El Proyecto Kalamata acabó materializándose en 2020 con los primeros Mac con chip M1, presentados en la Keynote “One More Thing”.

A partir de ahí, Apple Silicon cambió la conversación sobre portátiles: autonomía, rendimiento, silencio, integración y una transición mucho más limpia de lo que muchos esperaban.

También conectaba con una tendencia más amplia en la industria: ARM dejó de ser solo “la arquitectura móvil” para entrar de lleno en portátiles, servidores y centros de datos. Años después, movimientos como la compra de ARM por parte de NVIDIA reforzaron esa lectura.

Qué deja Kalamata

Kalamata fue una apuesta de control.

Apple entendió que si quería diferenciar el Mac a largo plazo no podía depender solo de diseño industrial, sistema operativo y marca. También necesitaba controlar el silicio.

En tecnología, quien controla las capas críticas del producto suele tener más margen para innovar.

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